O s v a l d o   S a b i n o
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Algunos apuntes para intentar conocerme a mí mismo



Sería fácil contar mi vida como lo hace todo el mundo:  con un orden cronológico, lugares geográficos determinados, como si fuera un "había una vez", pero existen dos obstáculos para que opte por esa vía.  El primero de ellos se refiere a la vida que he vivido (y que vivo.)  No sé cómo definirme: "expatriado", "desterrado", "ciudadano del mundo", "vagabundo", o tal vez "paria".  "Vagabundo" porque sí, porque siempre lo he sido, me gusta serlo y no lo niego.

Me formé en la época cuando el mundo veía sorprendido el desarrollo de una generación maravillosa, mágica que intentó cambiar los antiguos esquemas, que cimentó lo que es la sociedad actual: la de los años sesenta, los días cuando era, entre muchos, un "nene loco del DiTella", aquel movimiento inolvidable del país donde nací un 26 de diciembre de 1950, la Argentina.  "Ciudadano del mundo", no sé por qué.  También tuve la suerte de moldearme en las filas de la primera hora del FLH, un movimiento de mucha fuerza que hoy apenas es recordado por unos pocos memoriosos.  Quizá sea por todo eso que pertenezco lealmente a tantas tierras o, posiblemente, porque en tantos suelos me hacen sentir como en mi propia casa. Tal vez así es que alcancé a determinar lo que mejor se adapta a mi autodefinición.  Soy "expatriado" por voluntad propia, por consecuencia de un exilio al que me forzaron para salvar mi vida.  Viví veintiocho años en mi patria, casi constantemente.  A partir del 24 de marzo de 1976--esa fecha tan maldita para muchos de mis compatriotas--la vida ya no fue lo que había sido hasta entonces. Los últimos tres años que viví en la Argentina prefiero obviarlos, aunque sé que es el período que todos quisieran que cuente detalladamente (algo, a mi manera, que hice en  La historia de las panteras y de algunos de los animales conversos). 

El 24 de noviembre de 1979 conseguí escapar de allí. Al día siguiente me desperté en New York.  Esa mañana comencé a ser un "exilado". Esta ciudad fue una experiencia muy dura al principio pero, afortunadamente, muchos amigos me ayudaron a sobrellevar esa aspereza (Alberto Montana, Emma Álvarez Piñeiro, Pedro Cuperman, Luisa Valenzuela, Manuel Puig y, por supuesto, Christopher Leland--entre muchos otros que no olvido pero que sería una lista muy larga de citar).  Una tarde, mientras caminábamos por Central Park, Manuel Puig me presentó dos opciones: seguir siendo "exilado" y extrañar el "dulce de leche" y el "mate", o ser como él, un "expatriado", y rehacer mi vida en el nuevo país, reinventarme.  Acepté el reto. A partir de ese momento decidí ser un "expatriado", un "judío errante" y, por qué no, un "paria".  Soy argentino, siempre lo seré, pero ahora ya no tengo solamente mi bandera para que me cobije, afortunadamente tengo varias.

A comienzos de 1981 me mudé a la costa Oeste de los Estados Unidos.  Allí, gracias a la intervención del Profesor Carlos Blanco Aguinaga (nunca pude conseguir mis títulos de Argentina, por razones obvias...) fui aceptado, con una beca "Regents", en el programa de Master en Español, de la Universidad de California, en San Diego.  Tres años más tarde, terminado ya mi trabajo de campo y con la tesina pendiente, me trasladé nuevamente al Este, a Boston.  Al poco tiempo de haber llegado empecé a trabajar como maestro bilingüe en las escuelas públicas, una de las tareas que más he disfrutado  en toda mi vida. Un día, sorpresivamente, me otorgaron la más alta distinción de Boston University, la "Beca Presidencial". De esa manera completé mi doctorado en 1994. Para entonces ya había vuelto a escribir, a publicar y, por qué no decirlo, a ganar premios por mi trabajo.

El primer libro que apareció, y que aún sigue dándome satisfacciones, fue el resultado de mis investigaciones para la tesina con la que obtuve mi Master, Borges: Una imagen del amor y de la muerte, en 1987.  En 1990 se editó mi poemario, Mujeres solas... Viví en Boston durante seis años.  Esa es una ciudad a la que, a pesar de la frialdad de sus habitantes, no dejaré de extrañar, creo que nunca me hubiese ido, pero tuve que hacerlo por motivos de trabajo.  Así, en 1990 llegué a Detroit, Michigan.  Desdichadamente, en ese Estado he tenido que conocer la discriminación que mis colegas académicos son capáces de utilizar con cualquiera que sea "el otro" y, en mi caso, debí sufrirla no sólo por ser popular entre el alumnado y, al criterio de muchos, buen profesor, sino también por ser latinoamericano, homosexual y judío, lo cual en el Departamento de Romance Languages de Michigan State University y en el Departamento de Inglés de Wayne State University, parece ser una amenaza.  Estos golpes morales me fueron desalentando y, finalmente, terminé por abandonar la carrera académica, para siempre, a pesar de mi pasión por la enseñanza. Aún con todas las adversidades que he vivido, no puedo negar que estos años fueron los más productivos en lo que respecta a mi carrera.  

En 1993 no sólo obtuve una beca Fulbright, pero también publiqué lo que fue mi tesis doctoral, Revolución y redención..., un análisis de la obra de la escritora argentina, Luisa Mercedes Levinson.    Ese mismo año se publicó, entre otros, un artículo que escribí para  Latin American Gay Literature: A Biographical and Critical Sourcebook, editado por el Profesor David  Foster, con el que rescaté de un olvido de casi cuarenta años, al escritor argentino Renato Pellegrini, y a su novela Asfalto, la obra pionera del género de novela gay en Latinoamérica .  Gracias a ese artículo, Asfalto volvió a ser editada, no sólo en Argentina, pero también en México y en España, y es hoy objeto de estudio para muchos investigadores que hasta entonces desconocían su existencia.  Me alegra saber que si no hubiese sido por mi interés en el tema, Asfalto, y Renato Pellegrini, hubieran seguido en el olvido.

Al año siguiente, 1994, en el Uruguay, un país por el que siento un cariño muy particular, apareció mi tercer libro de poemas, Atlántida.    Señales para hallar ese extraño lugar en el que habito, fue, en 1995, mi entrada a España, la nación a la que he y que me ha adoptado (debo decir que en Madrid encontré "ese lugar en el que habito" y que ya no me es "extraño".)   En 1999, cansado de los rechazos de las editoriales argentinas que aseguran que "el tema de la represión no le interesa al publico", se editó, en España, mi novela, La historia de las panteras y de los animales conversos. Su repercusión demostró lo equivocados que estaban los editores de mi país, sin embargo, hasta hoy, ninguno de ellos ha intentado republicarla...   Ese mismo año mi literatura hizo un giro radical con la publicación de mi primer libro de relatos, El juguete erótico, la obra que, hasta la fecha, me ha dado más satisfacciones, tanto críticas como comerciales, y con la que más "enemigos" he cosechado.

Inicié el siglo XXI con un nuevo estudio crítico sobre Borges: Borges: una nueva visión de "Ulrica"una edición corregida y aumentada de mi estudio de 1987.  Inmediatamente después, apareció el poemario Nadando en el volcán, que cierra la trilogía compuesta junto  con Atlántida, y Señales para hallar ese extraño lugar en el que habito.   En noviembre del 2001 se lanzó La máquina del placer, un nuevo volumen de cuentos eróticos con los que continúo mi intento de celebrar las muchas formas que adopta el amor viril.  Este es un libro en el que, una vez más,  busqué mostrar (y demostrar) que la belleza de dos cuerpos que se aman siempre va más allá de cualquier barrera o concepto pre-establecido por las reglas sociales.  Espero que muchos lectores se sientan identificados con estos personajes de edades y cuerpos dispares que hacen el amor libremente, a la luz del sol, sin culpas ni vergüenzas. 

Hace algunos años que he regresado a la Argentina (no sé aún si para bien o para qué...). 

Pasé algún tiempo en la Provincia del Neuquén, y luego me instalé en Buenos Aires donde, por invitación del escritor Alejandro Margulis, publiqué en forma digital, un nuevo poemario, La Ciudad de Mo.  

Afortunadamente, soy un maniático del trabajo, y ya tengo algunas obras más--de poesía, ensayo, teatro y narrativa--bajo contrato y en pre producción, que irán apareciendo en los próximos dos años.   O sea que, los "expatriamientos" y los "exilios" también me han dado muchas satisfacciones.  No puedo quejarme de la vida, y nunca terminaré de agradecerle el constante apoyo a todos mis amigos y el consejo que me dio mi inolvidable Manuel Puig.

¿Quién sabe qué viene después en mi vida. . .?   Quizá,  ¿un nuevo exilio. . . ? 

¡Ah! Ya estaba olvidándome del segundo de los obstáculos al que me refería para no contar mi vida detallada y cronológicamente:  soy muy desordenado, y muchas veces me pierdo en las digresiones. Por eso, se me ha ocurrido mostrarles, por lo menos, las portadas de mis libros, algunas críticas, artículos, entrevistas y opiniones de los lectores.  Si las obras les interesan, búsquenlas, léanlas y, si quieren, después me dejan un mensaje contándome qué les han parecido.

O. Sabino


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2/2/2009