Osvaldo Sabino. Escritor Queer
18 de enero, 2007, en Noticias GLTB, Sección Cultura--actualmente alojada en:
Por Eugenia Torres
Para algunos es adentrarse en lo desconocido, otros son maestros del género.
Dos partes (entrevista doble) para la singularidad de un mismo acto, una encontrar al narrador y hay otra…
En esta entrevista exclusiva, Osvaldo Sabino nos acerca lo queer, los tabúes, opuestos e iguales, los escritores “oscuros” …
P: ¿Sos un escritor queer o un queer que escribe?
R: Ambas cosas, soy escritor y soy queer. Aunque veo claramente hacia dónde apuntás. Si observás detenidamente mi obra, te darás cuenta de lo que digo; algunos de mis libros no contienen escenas ni menciones homosexuales, otros un poco, y los últimos son netamente literatura queer.
P: ¿Existe la “literatura queer”?
R: ¡Por supuesto que existe, eso es innegable! La literatura se divide en categorías, es imposible estudiarla en un todo. Acá, en la Argentina, recién ahora se la está viendo como tal, quizá por los tabúes que aún no se terminan de derribar en este país, pero si te fijas en los catálogos de las universidades de los países en los que se estudia la literatura sin prejuicios—Francia, Inglaterra, España, Estados Unidos, Rusia, Polonia, y puedo seguir con la lista—te darás cuenta que es así. Acá, en cambio, aún algunos escritores gay, y escritores que han escrito literatura queer sin ser gay, se empeñan en negarlo. Hace algunos años, Héctor Lastra, que escribió dos novelas netamente queer, me desafió a que nos juntáramos en una mesa redonda, él con algunos escritores y críticos argentinos, de un lado (los que niegan su existencia), y del otro lado, David Foster—indudablemente el crítico más importante en lo que al tema se refiere en el área hispanoamericana—dos o tres escritores y críticos más, que sostienen la existencia del campo, y yo. Fue una lástima que cuando nosotros estuvimos dispuestos a hacerlo, ellos no se pusieran de acuerdo para sostener el debate, y nunca se llevó a cabo. Sin embargo, en esto existe el doble discurso que nace del ego: tanto Héctor Lastra, como muchos escritores argentinos que quieren eludir el tema, cuando llega el momento de que su obra sea analizada académicamente, y en forma individual, se prestan al análisis, aunque luego aparezca rotulado como "crítica queer". Resumiendo, si hay departamentos universitarios, críticos, libros, revistas artículos, y demás, dedicados a la literatura queer, exclusivamente, entonces, es indudable que la literatura queer existe.
P: ¿Para qué existe la literatura queer?
R: Es muy simple: todo es un proceso integracionista, y estos procesos llevan tiempo. Si bien la literatura queer no es algo nuevo, su estudio sí lo es. En los tiempos de los griegos y de los romanos, la visión de la sexualidad era muy diferente de la que tenemos en la actualidad, no existía la “homosexualidad”, las relaciones entre hombres eran sólo parte de la cultura y no le preocupaba a nadie. Luego llegó el cristianismo, esa mélange cultural y supersticiosa—que aún nos domina tan nefastamente—y ellos fortificaron, a su gusto y conveniencia, la noción de “lo bueno y lo malo”. A partir de entonces, todo lo que no fuera lo aceptado por la cultura judeo-cristiana, pasó a ser cultura minoritaria, y toda minoría tiene que pelearla duro para lograr ser aceptada. Ya podés verlo claramente con la literatura negra, la indigenista, la escrita por mujeres, y cuántas otras más que recién ahora son aceptadas como parte del canon y que, sin embargo, se continúan estudiando por separado. Por ende, todas ellas han sido armas de lucha para que aquellos a quiénes reflejan lograsen alcanzar ser reconocidos como parte de la sociedad. La literatura queer es una más entre tantas. Y por suerte, al igual que en todas las otras categorías, no estamos solos, existen muchos escritores que escriben obras con temática gay, sin ser gay ellos, valga solamente citarte a dos argentinos, Alina Diaconú, que produjo una obra magnífica, Cama de Ángeles, que tuvo un muy fuerte impacto en su momento, y ¿Quién, que no era yo, te había marcado el cuello de esa forma?, la excelente novela de Alejandro Margulis, la lista puede seguir, porque las obras son muchas, quien no quiera verlo así, que estudie detenidamente una de las obras básicas sobre el tema: Latin American Gay Literature: A Biographical and Critical Sourcebook, un volumen prologado y editado por David Foster, y allí podrá comprobarlo. En síntesis, la literatura queer sirve como arma de lucha, y su función más importante es la de destruir tabúes. Mi obra es un claro ejemplo de eso.
P: ¿Destruir o transformar los tabúes?
R: Los tabúes se destruyen, no creo que se transformen. Cuando caen, en su lugar crece algo nuevo, algo que es la antípoda de lo que enceraba el tabú.
P: ¿Decís “antípoda” refiriéndote a “opuestos”?
R: Exactamente.
P: ¿No son “ iguales” los opuestos?
R: Desde mi punto de vista, no, son como el blanco y el negro. Te lo ejemplifico con mi propio caso. Cuando en España se publicó El juguete erótico, muchos críticos, y una gran cantidad de “amigos” y colegas, me pusieron a parir, muy mal. Muchos homosexuales, y seudo-liberales, me atacaron casi con desesperación. Sin embargo, recibí críticas y reseñas escritas por heterosexuales que no entendían el por qué de tal actitud. Tengo guardada una gran cantidad de cartas y de correos electrónicos, donde me expresan que para ellos fue una educación, ya que sólo conocían la noción popular acerca de una relación ente dos hombres—la, a veces, pregunta inocentemente clásica: “¿quién hace de hombre y quién de mujer?”. Al publicar El juguete erótico, transgredí la regala básica: “De eso no se habla, podés ser gay, pero no lo divulgues ni lo reflejes en lo que hacés”. Al menos para algunos, ese libro sirvió para destruir sus tabúes. O sea, se fueron al otro lado, a la antípoda.
P: ¿Cómo lo trató la crítica?
R: Mayormente, muy bien, con mucha seriedad y respeto, especialmente en España y en los Estados Unidos. Pero hubo otros, como el escritor gay español ,Luis Algorri, que me trataron de "pornógrafo". Ni que hablar de los argentinos que, aún hoy, muchos me niegan el saludo y dicen que “me vendí por dinero”, y no hago nombres porque, bajo la batuta de una escritora que fue mi mejor amiga antes de El juguete erótico, más de cuatro se entretienen en horrorizarse hablando de que escribo cosas espantosas: "hombres que hacen el amor". Y, ¡ojo! la mayoría de ellos hablan por boca de ganso, ¡no han leído una puta palabra de las que escribí! Imagínate lo que fue cuando se publicó La máquina del placer, ¡le di un pastizal a las fieras!
P: ¿Creés que parten de conceptos estéticos basados en tabúes?
R: Sí, pero creo que la cuestión va mucho más allá de un concepto estético. Ninguno de ellos se ocupó de la estética de la obra, y los que lo hicieron, sólo pensaron que está muy bien mostrar una pareja hétero haciendo el amor. En cambio, si se muestra a una pareja gay o lesbiana, y están cojiendo, es morbosidad, promiscuidad, algo sucio, inmundo. No te lo dicen en la cara, porque se la dan de liberales, pero por atrás..., vos sabés lo que dicen por atrás, el doble discurso es su filosofía de vida. Y los peores son los mismos maricones que viven amparados en ese doble discurso, viven con los labios marrones de tanto que le besan el culo a los héteros mendigándoles que los acepten, no hagamos nombres, pero en Argentina, ¡sobran! Podría hablarte también de la Argentina que no es Buenos Aires, ya que estuve viviendo unos años en Neuquén Capital, y allí viví experiencias de terror. Es una ciudad con un alto índice de homosexualidad, aún en el gobierno neuquino, entre políticos de alto rango, digamos que, de directores hasta ministros, está plagado de nosotros, pero todos viven en el armario, llenos de odios y rencores, envidias insanas, y la mayoría son señores y señoras casados que hasta sus cónyuges saben lo que son, pero que, por hipocresía y comodidad, se callan y viven frustrados, y si aparece alguien que quiere demostrarles sus errores, lo aniquilan desde su poder, devorados por el complejo de inferioridad que los consume…
P: ¿Crees que hay un grupo de escritores, vamos a llamarlos “oscuros”, que tratan temas GLTB de un modo tan realista que sobrepasa la idea de queer, y por ello rompe con los esquemas literarios típicos de la comunidad homo?
R: No sé a quiénes te referís, dame algún ejemplo.
P: Vos acabás de nombrar a uno de ellos, Alejandro Margulis.
R: Pero Margulis no es un escritor oscuro, mucha gente lo conoce, lo ha leído, lo ha criticado, y hay muchos otros que si no lo conocen aún, debieran tomarse el tiempo. Tampoco podría catalogar de "oscura" a su obra, y la conozco muy bien.
P: En una entrevista que le hice recientemente, el declaró que desconocía que existiera una literatura queer.
R: Sí, lo leí, y me causó mucha gracia que alguien de su inteligencia dijera tal cosa. La entrevista me dejó una impresión que no esperaba de Margulis, me sonó como una defensa, como alguien gritando “¡la novela tiene temática gay, pero yo no soy puto!” No sé que le sucedía ese día a Margulis, sé que su experiencia con algunos editores de cuarta no ha sido la mejor, tal vez venga por allí su defensa, pero él puede hacerlo mucho mejor que de esa manera.
P: ¿No pensás que quizá haya sido un giro romántico. . .?
R: Margulis ahora parece haber sentado cabeza, pero, de lo que conozco de él, Ale sólo es romántico cuando escribe o cuando está con una mina. Además, la experiencia de salir del armario la conoce, no por haberla vivido, pero para Margulis existe la gente, no los gay o los héteros, y conoce la experiencia de muchos. ¡Que no versée!
P: ¿Vos te considerás un escritor oscuro?
R: Si con lo de “oscuro” te referís a un escritor que no escribe “había una vez”, sí, lo soy, sólo basta con leer Nadando en el volcán, Señales para hallar ese extraño lugar en el que habito o Atlántida, o el último, La Ciudad de Mo—editado en forma digital, acá en Argentina, por http://www.ayeshalibros.com.ar/—que son poemarios en los que busco llegar a la estética poética desde la elaboración de un concepto. Por supuesto, La historia de las panteras y de algunos de los animales conversos, es una novela en la que prima el fluir de la mente para plasmar el horror colectivo que viví durante el Proceso. Sin embargo, me considero un escritor, por lo tanto no me veo como claro u oscuro, y eso lo demuestran El juguete erótico y La máquina del placer, donde todo está muy a la vista. También mis ensayos, y mi próxima novela, Los unicornios del arco iris. El problema es que muchos lectores y críticos me oscurecen porque escribo lo mismo que escriben los héteros sin que nadie vea mal: muestro dos hombres que se conocen, se gustan, se acuestan, hacen el amor, y son felices sin culpa, y eso ¡es pecado mortal en esta sociedad, aún para algunas locas!
P: Sí, es verdad.
R: Y yo me niego a esa puta culpa, nunca la sentí, y no conozco muchos gay que se hayan sentido así, es más, son cada vez menos. Sin embargo, los hétero se han quedado en el tiempo, prefieren los temas gay tortuosos, donde uno o los dos protagonistas mueren, disfrutan aún de frases absurdas como aquella que decía Harold en The Boys in the Band, “muéstrame un homosexual feliz, y te mostraré un cadáver sonriente”. Pero si escribimos dos personas del mismo sexo que hacen el amor como ellos, o simplemente que se echan un buen polvo, ¡horror! les salta la marica o la torta que llevan encerrada dentro, y para defenderse nos califican de pornógrafos, aún los mismos homos o lesbianas.
P: ¿Con eso querés decir que para ellos lo pornográfico es aquello que no encuadra con los parámetros de la cultura judeo-cristiana, que si le digo a mi pareja mujer que la amo, es pornográfico?
R: ¡Exacto! Y quién puede determinar qué es pornografía y qué es erotismo? Ya que estamos hablando de Alejandro Margulis, te voy a citar algo que respondió hace algunos años en una entrevista: “La pornografía es tan necesaria como el pan, la manteca, las mesas, las instituciones, las armas, las iglesias. . . En fin, como todo lo pertinente a la vida cotidiana (. . .) Por supuesto, sin juzgar, ni tomar partido. (. . .) También hay un componente de envidia al pensar que otro hace lo que el envidiador reprime y fantasea.” Y ojo, que como el mismo lo indica, en su novela debe haber algo así como una página que algún moralista pudiera calificar de pornográfica. O sea, no creo que haya alguna diferencia entre lo erótico y lo pornográfico, si las hubiere, sólo serían de grado. Tal vez pudiéramos decir que “lo pornográfico” surge como consecuencia de una serie de situaciones inmediatas. En cambio, “lo erótico”, emerge en medio de una sucesión de enmascaramientos y dilataciones. Pero, como ya dije, ¿quién puede determinar qué es pornografía y qué no?
P: ¿Pensás que es algo que establece el poder económico?
R: No creo que sea tan así. Ya ves, el poder económico, en la literatura, lo tienen los editores, y ellos determinaron que mis libros venderían grandes cantidades, y cuando los publicaron, nunca pensaron que estaban vendiendo pornografía. Y, justamente como lo demuestran esas ventas, pude llegar a muchísima gente, pude educar, desparramar un mensaje. Al final, terminás comprendiendo que los triunfos sociales se logran a través del poder económico, “si los negros dejan guita, incluyamos a los negros, si los putos dejan guita, incluyamos a los putos”. Es cínica la realidad, ¿no?
P: ¿Dentro de tu obra, hay literatura lésbica?
R: Dentro de mi obra creo que sólo aparecen dos personajes menores que son lesbianas, aún no me anime a escribir más, quizá porque todavía no investigué profundamente su sensibilidad, y temo pecar de ignorante. Con referencia a la segunda parte, voy a insistir con Margulis que niega la literatura queer pero, al mismo tiempo, dice refiriéndose a la literatura lésbica: “Claro, Safo es la pionera. Hoy en Argentina, creo que son ineludibles, poetas muy buenas como Diana Bellesi o Mirta Rosenberg. Su literatura, sin embargo, va más allá de la mera cuestión de lucha lésbica, vale por si misma.” Nuevamente, la de Manuel Puig, Oscar Hermes Villordo, Mujica Láinez, Renato Pellegrini, Ernesto Schóó, José María Borghello, Héctor Lastra, Leopoldo Brizuela, y aún la mía y la de unos cuántos más que se me quedan en el tintero, puede ser innegablemente muy buena, pero no se la puede separar de la literatura queer, aunque se valga por sí misma como cualquier otra buena literatura.
P: O sea, ¿les faltas el respeto a los gay pero a las lesbianas no?
R: ¡No, para nada! Soy gay, no tengo que descubrir su sensibilidad, la lésbica, sí.
P: Hace unos pocos años que se empezó a hacer muy notoria la presencia del homo en todos lados, antes no era así, aunque siempre fue sabido que la homosexualidad existe y es feliz desde los comienzos de la humanidad, y sin embargo ha llevado siglos para que un puñado de manifestantes se arriesgaran a enfrentar al sistema, ¿por qué te parece que sucede esto?
R: La respuesta es simple. Son dos los factores que han influido, por un lado tenemos el propulsor, los movimientos de liberación, no olvidemos que en Argentina la lucha comienza a fines de los sesenta, con el Frente de Liberación Homosexual, del cual fui integrante activo, un fenómeno casi paralelo a los sucesos del “Stonewall Inn” de New York. Los movimientos han aportado muchísimo a la lucha para ser insertados dentro de la sociedad. El segundo es real, el poder económico. Ya ves, hay muchos editores “maricones de armario”, que nos han hecho penar a los escritores que tuvimos los huevos de hablar de “ese amor al que no se nombra”. Sin embargo, hay otros más inteligentes que visualizaron el negocio y, al final, no es el armario, es el dinero lo que mueve al mundo.
P: ¿Frecuentas las marchas del orgullo?
R: En Argentina nunca participé de una, todavía.
P: ¿Por qué?
R: Aún no tengo ningún tipo de contacto con los movimientos locales. En realidad, ni sé cuál es su foco de lucha. Por lo poco que he podido ver, desafortunadamente, se comportan de un modo bastante elitista, excluyen mucho.
P: ¿Cómo es eso?
R: No veo que estén enfocados en las necesidades de la población gay argentina,y eso creo que les ha dado un poco de mala fama, la gente tiende a alejarse de ellos. Pero prefiero no entrar en esa polémica, no conozco tanto el tema, aún...
P: ¿Que pensás de lo sucedido en la ultima marcha? La yuxtaposición de fechas marcha y día contra la violencia de género?
R: Me parece muy bien que se haga así. De todas maneras, no estoy de acuerdo con el sentido carnavalesco que le dan acá a esta fecha tan importante para nosotros, esto de acomodar el día a su gusto, sin el mismo simbolismo universal que tiene, es algo que no termino de comprender.
P: Imagino entonces que no te sentís identificado con las marchas o, al menos, sentís que no te representan.
R: Muy por el contrario. Siempre participé de las marchas, en Nueva York, en San Diego, en Boston, en Detroit, y sobre todo en Madrid, donde lo hice como parte activa, o sea, las conozco muy bien desde dentro.
P: Mucha gente dice no sentirse identificada a causa del travestismo, las vedettes, o el colorinche…
R: No es mi caso. Esa gente discrimina, lo lamento por ellos, se olvidan que cuando llega el momento, todos, sin exclusión, todos somos putos. Es lo mismo que los judíos para los nazi, todos somos judíos, no hay excepciones. Cada uno tiene derecho a ser lo que siente que es, no olvidemos que, según las teorías actuales, la sexualidad no es algo biológico, sino que es una construcción mental.
P: ¿Te sentís orgulloso de ser gay?
R: No, la verdad que no tengo por qué. Me siento orgulloso de ser el ser humano que soy, sólo siendo buenos seres humanos podemos ser buenos en lo demás. Mi sexualidad es parte de mi humanidad, no a la inversa, como lo es para los homófobos. Sí me siento orgulloso de ser escritor, porque es algo que he adquirido. Soy homosexual, siempre lo fui, no lo adquirí en ningún lado.
P: ¿Creés que falta mucho para que la sociedad termine de destruir sus tabúes?
R: No lo sé, pero mantengo la esperanza de que suceda antes del momento cuando yo no pueda verlo.
P: ¿Querés agregar algo más?
R: Sólo que espero que las cosas se den para que los lectores argentinos puedan conocerme más. Mientras tanto, voy a seguir con lo mío tal cual lo he hecho hasta ahora, mostrando que los homosexuales tenemos una realidad muy diferente a la visión ínfima que los héteros tienen de nosotros, sobre todo aquellos que están ya tan “tinellizados”, ellos son cómplices, aunque sean gay o lesbianas.
(c) Eugenia Torres, 2007