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De Mujeres solas
(Pp. 40 – 43 en el texto impreso)
Canción para esperar a Lila
(a Renée Epelbaum)

(Lila, Claudio y Luis Epelbaum no tenían aún veinte años
cuando “desaparecieron”  estando en el Uruguay, en 1976. 
Renée Epelbaum , su madre, los buscó infructuosamente,
hasta el último día de su vida. 
Aún se desconocen sus paraderos...
y también el de otros treinta mil argentinos más)



El tren aún no ha llegado, ya todos lo sabemos.
Tal vez por eso esta canción se llama:
“Para esperar a Lila”, o simplemente “esperar”.

Desde el principio, la apariencia del cielo,
-Demasiado claro, demasiado perfecto para ser cielo-
Nos muestra un temblor de objetos sin peso,
De colores que parecen ir a la deriva,
Y que sin aviso se transforman en vapor,
En interminables ecos de ausencia.


Cuando sabemos que está mal, o equivocado,
O cuando esperamos el momento de subir al tren,
Recordamos que esta es una canción sola
Para cantar mientras estamos esperando a Lila.

Los rieles se extienden desde acá hasta allá,
Y allá entran lentos en un desmayado horizonte
Sin oxígeno, débil y tan azul como acá,
En donde en cada una de las estaciones de la línea
-Si es que las hubiera- se repite un nombre que golpea;
Todas tienen el mismo, el mismo gastado cartel:
“Paradero Desconocido (cuidado al descender)”

No hay sol, no hay luna ni tampoco estrellas,
Pero la estación tiene puertas, ventanas, paredes
Y goteras que filtran luces grises y polvorientas.
Aún los carritos de equipaje de los changarines
Esperan quietos y solos, dormidos al borde del andén,
Vestidos de un imperioso silencio abandonado,
Sin pedir ni dar más que equipajes
A traer o llevar hacia el fondo del ocaso.

Su nombre es Lila, y creemos que ya no vendrá.
Aún si llegase no traería ningún equipaje,
Y en esta estación tampoco quedan changarines,
Porque lleva el mismo nombre sombrío que las otras.

Un león de felpa blanco tiene sus ojos verdes
Fijos en ese punto por donde aparecería el tren,
Por si acaso ese tren llegase alguna vez.
Los ojos marrones de la mujer que está a su lado
También se pierden en el brillo paralelo de las vías.
La mujer tiene la mirada aún más transparente y,
Como otras, espera sabiendo que el tren ya no vendrá.
Pero se yergue con gracia y con paciencia,
Con las manos cruzadas, apretando un ramo de margaritas
Para darle a Lila, si alguna vez llegara el tren.
Parece una mujer como las que por las noches,
Cuando debería gozar con las primeras estrellas,
Se esconde entre las fotos y los papeles de su casa,
Allí donde la oscuridad es más profunda, y
Sin pedir permiso, ni tampoco perdón,
Llora sin lagrimas sobre las mustias margaritas
Por el tren de Lila que una vez más no llegó.

Pero las noches se siguen repitiendo sin estrellas,
Sin que el tren cruce de “Paradero en Paradero”,
Y la mujer recorre todas las estaciones, una a una,
Aunque tengan andenes sucios, ventosos y con humo.
Lo único que espera es emocionar a Lila,
Y que Lila se emocione al verla esperando a su tren,
O solamente mirarla y darle las margaritas del día,
Para borrar la oscuridad, y olvidar la distancia,
Y los tonos amargos que ahogan la textura de la espera.

Pero el tren de Lila aún no ha llegado.
Nadie sabe si algún día llegará.
Y las margaritas se mueren cada ocaso
Sin llegar a perfumar el pecho de Lila.

El tablero de horarios nunca se ha movido,
Sólo repite estático: “Tren expreso cancelado”.
La mujer, siempre erguida,
Sigue esperando en el andén,
Apretando las margaritas junto al león blanco de felpa.

Ella se llama Lila, y sabemos que su tren
Tampoco hoy ha llegado. Por eso le cantamos.

(c) Copyright, Osvaldo R. Sabino, 1985