Clarín - Buenos Aires, juno 1987
Ulrica en el mundo
Borges:  una imagen del amor y de la muerte
de Osvaldo Sabino

En el prólogo de sus obras completas, Jorge Luis Borges afirmó que entre sus cuentosm "Ulrica" es el que prefiero, quizá porque es el menos borgeano.  Ni laberíntos, ni armas blancas, ni tigres.  Para el poeta y sus críticos, este segundo relato de El libro de arena, trata especialmente sobre el amor sexual.

Consciente de la complejidad del mundo de ficción de Borges, el investigador Osvaldo Sabino, trasciende la aparente aventura amorosa que parece referir el relato y encuentra en éste un sutil discurso de amor y de muerte.

Sabino elabora su estudio partiendo de la etimología de los nombres de los personajes (Ulrica y Javier Otárola) y, tras vincularlos a símbolos y significados de la mitologñia nórdica, analiza la relación existente entre éste y otros relatos de Borges.

De sus consideraciones, infiere que si bien "Ulrica" se presenta como la historia de una atracción fñisica y su posterior consumación sexual, su escencia es la de un sueño en el que la imagen soñada es a la vez el amor y la muerte.

Su análisis se centra en la ambigüedad con la que se expone la realidad del encuentro y del diálogo introductorio entre Ulrica y el narrador.  A partir de allí la narrativa se torna onírica.  Ulrica pierde su "aparente realidad" para convertirse en una imagen inasible y cambiante.

De su lectura, el investigador deduce que Borges ha creado en las líneas iniciales de "Ulrica" una apariencia de verdad tal que ha logrado que ninguno de los críticos presten atención al momento en que el narrador comienza a soñar.

El segundo capítulo de Borges:  una imagen del amor y de la muerte, investiga los elementos que interrelacionan a "Ulrica" con los relatos de "Examen de la obra de Herbert Qauin" y "La otra muerte".  De la exposición que Borges hace de la obra de Herbert Quain, el estudio dedica su atención a la única pieza tatral escrita por el imaginario autor:  The secret mirror (El espejo secreto), en la que por primera vez se menciona el nombre Ulrica, "que pese a que nunca aparece en escena, se infiere que se trata de una amazona altiva".  De igual manera estudia las características de Ulrike Von Kuhlmann, personaje femenino de "La otra muerte".  De los relatos que hizo Borges en torno al nombre Ulrica, el investigador sostiene que se trata de "la mujer de la imagen, del espejo del sueño, conectada inevitablemente con el amor, con la muerte o, en su transfigurción final, con ambos.

Para Sabino es probable que la aparente sencillez de este y de otros cuentos de El libro de arena y de El informe de Brodie, haya sido un recurso con el que Borges quiso comunicar sutilmente sus reflexiones metafísicas.  En tal sentido, sus conceptos expresados en el prólogo de El informe de Brodie justifican la sospecha:  "No me atrevo a afirmar que mis nuevos cuentos son sencillos, no hay en la tierra una sola página, una sola palabra, que lo sea, ya que todas postulan el universo, cuyo más notorio atributo es la complejidad".

Lucio A. Mansilla     

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Los Andes de Mendoza y La Prensa (Buenos Aires) – 18/10/87
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Osvaldo Sabino
Su aproximación a la obra de Borges
Por Antonio Requeni
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Osvaldo Sabino nació en Buenos Aires en 1950. Siguió estudios de ciencias de la  comunicación social en la Universidad Católica y de museología en la Universidad del Museo Social Argentino y se recibió de profesor de Inglés. En 1979 resolvió viajar a los Estados Unidos y allí reside desde entonces, consagrado a tareas Intelectuales. Después de vivir un año en Nueva York, donde logró publicar, algunas, poesías y cuentos en revistas literarias, se trasladó a California, donde en el tiempo récord de dos años obtuvo el doctorado en letras en la Universidad de San Diego, en la que se desempeñó después como profesor adjunto de literatura latinoamericana.  En la Escuela de Estudios para el Desarrollo de la Comunidad, también de San Diego, fue autor de un proyecto teatral que duró un año y medio, durante el cual dirigió la puesta en escena de obras de autores chicanos y de la pieza Requiem para un sábado a la noche, del argentino Germán Rozenmacher.  También dirigió la galería de arte de esa escuela, en la que organizó, entre otras exposiciones, la de un argentino que vive en, California, Alfredo Antognini, pintor que, según nos informa Sabino, ha llegado a convertirse en una figura relevante del ambiente artístico en esa zona del oeste norteamericano.


En 1984 volví a Buenos Aires y durante cuatro meses-nos cuenta-entrevisté a muchas escritoras argentinas.  Fueron más de ciento veinte horas de grabación para un trabajo que estoy realizando desde entonces sobre  “La evolución de la escritora argentina en el siglo XX”.

¿Con qué escritoras dialogó?
Luisa Mercedes Levinson,  Syria Poletti, Marta Mercader, Hebe Uhart, Liliana Heker, Alicia Dujovne Ortiz.  En fin, muchas. Mi proyecto es trazar un panorama en el que se vea cómo las escritoras argentinas se han abierto paso dentro de un contexto histórico y social que, con el tiempo, fue modificando pautas tradicionales.  Antes únicamente podían dedicarse a la literatura algunas mujeres que eran, a la vez, señoras de sociedad, con una buena posición económica, ocio disponible y, por, supuesto, una esmerada educación. Yo trato de analizar los cambios que permitieron el acceso a la literatura de mujeres de otras capas sociales y cómo se refleja dicho fenómeno en sus obras.  En Estados Unidos este trabajo ha servido de mucho. Antes nadie hacía estudios sobre la literatura femenina argentina, pero desde hace algunos años este es un tema frecuente y soy consultado a menudo.

Hace poco tiempo, Ediciones Corregidor  publicó su libro Borges, una Imagen del amor y de la muerte, prologado por Jorgelina Loubet e ilustrado por Gloria Audo.  ¿Cuál es el contenido del libro y el motivo de su aproximación a Borges?
Borges surgió por un accidente. Yo era uno de esos argentinos típicos que rechazaban a Borges, hasta que fui invitado a un congreso en el Allegheny College, en PennsyIvania, al que él mismo Borges asistiría.  Me presenté con un trabajo sobre su cuento “El Evangelio según San Marcos”, que Borges, al conocerlo, aprobó.  Charlamos varias veces y, al término del congreso fuimos una tarde con él, María Kodama y la doctora María Roof,  organizadora de aquel simposio, a ver la puesta de sol al lago Eerie.  En un momento nos quedamos solos.  El espectáculo del cielo dominado por una nube que parecía un yunque del que brotaban llamas, era increíble.  Le empecé a comentar lo que veía y él completó la descripción.  En ese momento no podía creer que fuera ciego.  Por suerte, conocerlo hizo que variara mi posición hacia él; empecé a admirarlo y hoy me he convertido en un fanático de Borges.  Él me dijo  entonces que le gustaría (siempre como lo hacía él, con esa forma de pedir muy humildemente) que si tenía interés en seguir trabajando en su obra no me dedicara a los libros que ya habían comentado todos los críticos, El Aleph” y Ficciones, sino que estudiará El informe de Brodie, pero más, aún El libro de arena, sus libros de cuentos últimos sobre los que, según él, nadie se interesaba porque los consideraban libros menores y reiterativos.  Cuando volví a Boston—donde vivía entonces y aún sigo viviendo—me puse trabajar inmediatamente, y así surgió este Borges, una imagen del amor y de la muerte que es un enfoque sobre  El libro de arena o, mejor aún, sobre su cuento “Ulrica”, que era el favorito de Borges.  En realidad, he querido hacer en este ensayo una revaloración de su obra, apartarme de esos estudios borgesianos repetitivos que se han convertido en una industria académica.

¿De qué manera cree que ha realizado un análisis distinto?
Esencialmente traté de salir del laberinto, no borgesiano sino académico, y utilizar un lenguaje alcanzable para todo público, similar al de Borges en su última etapa creativa, y no incurrir en una serie de signos jeroglíficos muy típicos de la crítica actual. Y esto se lo digo a sabiendas de que a muchos colegas no les va a caer bien.

¿Pero en qué consiste la peculiaridad de su análisis?
Yo hago un análisis minucioso basado en el estudio de las fuentes de donde surge el relato. Tengo la suerte de poseer la edición de 1911, la undécima de la:  Enciclopedia Británica, que es la que Borges prefería, y la traducción hecha, por William Morris del Volsunga-Saga (la versión, islandesa original de El anillo de los Nibelungos.)  Borges era un hombre, extraordinariamente culto y aportaba toda esa cultura a sus cuentos, en ellos no existe nada caprichoso.

¿Piensa seguir publicando su interpretación sobre la última etapa creativa de Borges?
Espero que los buenos editores quieran publicar el resto de mi trabajo. Tengo terminado el análisis de otros cuatro cuentos. El que presenta mayores dificultades es “El Congreso”, su relato más complejo, así como el más largo y el más autobiográfico de todos los que escribió. Yo lo considero un proyecto de novela, género para el que Borges confesó no tener aptitudes.  Además, estoy trabajando, en colaboración con el novelista Christopher Leland, en un análisis comparativo entre el desarrollo de los cuentos de El Informe de Brodie,” y los libros de la Biblia.  Estoy disfrutando actualmente de una beca otorgada, por el presidente de la Boston University y, gracias a ella, pienso terminar mi trabajo crítico.
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20/10/2008

En este estudio profundamente original, Osvaldo R. Sabino (de la Universidad de Boston, USA), nos muestra la gran riqueza y complejidad del mundo de la ficción posterior de Jorge Luis Borges.

Enfocándose en el cuento "Ulrica", de El libro de arena, el autor nos hace ver cómo Borges, en sus cuentos de los años '60 y '70, dio vuelta, a su técnica anterior, escribiendo en un estilo aparentemente sencillo mientras, bajo esa superficie, perseguía sus temas predilectos:  la percepción, el sueño, el tiempo y el ser.  Sabino emplea una variedad de recursos-la mitología nórdica, la Biblia, aún la undécima edición de la Enciclopedia Británica (la predilecta de Borges)-para iluminar las múltiples resonancias de este cuento.  Después nos muestra como este relto se conecta con otras obras borgeanas y representa, en cierta manera, la cumbre de un largo proceso intelectual y espiritual. 

El estudio de Ovaldo R. Sabino nos conduce hacia una re-evaluación muy significativa de los últimos cuentos de Borges, y así, nos abre un campo crítico poco explorado hasta la actualidad.

Christopher T. Leland, PhD.
Universidad de Harvard
Boston, 20 de octubre de 1986